Tomás Álvarez: “Tener un espíritu emprendedor no implica solamente levantar un negocio”

Tomás es fundador de Talento Colectivo y autor de los libros El arte de crecer: 20 principios para inspirar tu desarrollo personal y Todos podemos ser felices. Además, trabaja como embajador ASEA en Zona Sur del Gran Buenos Aires.

¿Cómo empezaste a emprender y qué o quién te inspiró?

No siempre tuve claro que me quería dedicar al desarrollo personal y la formación de habilidades emprendedoras, de hecho, de chico quería ser contador, científico y astronauta. No avancé mucho en las últimas dos, pero sí trabajé en un estudio contable y, faltando cinco materias para finalizar la carrera de contador, decidí cambiar de rumbo.

Durante tres años estuve pensando cómo. Escribía lo que quería en agendas, pero todo quedaba ahí, en papel. Desde los 15 años leía libros sobre liderazgo, desarrollo personal y comunicación. Quería empezar a vivir haciendo eso pero no encontraba cómo: en mi CV había impuestos y auditoría, no capacitaciones o proyectos. Taleb, el ensayista libanés, tiene un poco de razón cuando dice que las tres adicciones más perjudiciales son la heroína, los carbohidratos y un sueldo mensual. Estaba cómodo, y eso me estaba comiendo por dentro.

Un día, unos amigos vinieron con la idea de sublimar remeras. Yo no sabía nada de indumentaria (eso no cambió mucho hoy), pero lo vi como escape. ¿Qué hice? Renuncié a mi trabajo para emprender y cambié de carrera contra muchas voces que me recomendaban lo contrario.

Invertí horas con mucha ilusión y expectativa, pero sin experiencia ni rumbo específico. Estaba contento de que mi futuro se estaba empezando a construir. Pero lo de emprender no salió bien y el negocio, a dos meses de comenzar, ya había terminado.

Tuve algunos meses en los que tuve que elegir qué servicios dejaba de pagar y a quién le podía pedir prestado. Aún seguía buscando trabajo de algo relacionado a la capacitación, pero sentía que el tiempo se agotaba. “¿Fue una buena decisión? ¿Por qué fui tan terco y abandoné mi trabajo en donde estaba cómodo?”, me pregunté.

A los cinco meses recibí un correo que decía “Estamos buscando orientadores en economía personal para proyecto en una fundación”. “¡Ésta es la mía!”, dije. “Quizás no paguen porque es una fundación, pero voy a tener la oportunidad de poner en mi CV que tengo experiencia en capacitación y eso me va a abrir otras puertas”, pensaba.

La buena noticia: era pago y, luego de las tres jornadas de formación, llegó el momento de exponer frente a los responsables del programa de capacitación lo que había aprendido. El filósofo Séneca dice que la suerte no es más que la oportunidad encontrándose con la preparación, y yo me había preparado durante muchos años con libros y materiales para comunicar. ¿El resultado? La exposición causó tanto impacto que no solo pude avanzar como orientador en ese programa, sino que al mes siguiente me propusieron ser jefe de proyectos de la firma que los desarrollaba.

Pasaron varios años de este relato, estoy escribiendo mi tercer libro, recorrí el país brindando talleres de lo que me gusta, entrenando personas en herramientas de comunicación y liderazgo, tengo una organización para compartir el gusto por crecer y todavía tengo mucha energía para todo lo que está por venir. Podría tomar las palabras de Picasso: “La inspiración llega, pero tiene que encontrarte trabajando”.

También asumiste un gran trabajo con ASEA en tu comunidad. ¿En qué medida te impactó como emprendedor?

Soy un férreo creyente del poder de la comunidad y, a lo largo de mi camino, ha sido uno de los factores determinantes al momento de progresar. Un experto en liderazgo a nivel mundial, John Maxwell, dice lo siguiente: “Uno es un número muy pequeño para realizar grandes cosas”. Y no puedo estar más de acuerdo. Emprender es una experiencia de cambio personal, pero no privada. En la medida que trabajo con otros también crezco como emprendedor.

¿Cómo es emprender en tu región? ¿Cuál es el mayor desafío para los emprendedores de la zona?

En la zona sur de la provincia de Buenos Aires, donde me toca trabajar, hay muchas iniciativas y potencial. Fundaciones, organizaciones privadas y el Estado movilizan muchas propuestas que llaman a emprendedores de distintos estamentos. Creo que las posibilidades son infinitas si logramos una integración de mayor profundidad.

También existen situaciones desiguales que, con la llegada de la pandemia, no hacen más que acentuarse. Emprender en muchos casos no resulta una opción, sino una necesidad: mucha gente emprende para tener un ingreso. En este sentido, los espacios de apoyo son la única herramienta a disposición para que los esfuerzos no se echen por tierra. Es aquí donde el rol proactivo de la comunidad y de aquellos que tenemos la oportunidad de llegar a emprendedores cobra una relevancia fundamental.

¿Qué te hubiera encantado que te dijeran cuando recién comenzabas a emprender?

Se paciente y misericordioso con vos mismo. Me hubiese gustado conocer de antemano los tiempos de maduración de las ideas y resultados. Al principio creía que con una buena idea ya alcanzaba, y que iba a ser fácil que la gente entienda lo que para mí era obvio. Aprendí que no es así.

Para vos, ¿cuál es la diferencia entre emprendedor y empresario?

Creo que se van a ir integrando más, pero si tuviera que establecer una diferencia diría que es la posibilidad de delegar. La mayoría de los emprendedores que encuentro realizan prácticamente todas las tareas de su negocio. En el rol de empresario, la posibilidad de delegar se ve y entiende mucho más.

Por suerte, desde hace un tiempo muchos de los considerados empresarios han comenzado a incorporar comportamientos y filosofías que históricamente fueron atribuidas a los emprendedores, como el trabajo en red, la cercanía con otros y la visión de éxito asociada a una misión y no solo a la rentabilidad. Mientras mayor sea la conexión tendremos empresas más sanas y relaciones comerciales sostenibles en el tiempo.

Además, las generaciones que vienen tienen mucho más incorporados estos conceptos y los roles vinculados a la cercanía con las personas, la asociación y la importancia del medioambiente.

¿Cuál es tu mayor motivación hoy en día? ¿Qué proyectos te entusiasman?

La posibilidad de compartir con otros el gusto por crecer, acompañar y ser parte de un genuino cambio en el tiempo que me toca vivir. Los proyectos que me entusiasman, tanto en ASEA, Talento Colectivo y Addkeen Group, son los referentes a crear comunidad. Creo que las organizaciones que logran establecer un vínculo con su público son las que tienen el potencial de marcar fuertes diferencias.

Hay proyectos vinculados a la formación en oratoria y liderazgo que estamos consolidando en toda Latinoamérica y son fuente de entusiasmo en este tiempo. Personalmente, me encuentro con entrenamientos a referentes y políticos en habilidades para hablar en público, lo que también es un campo que me gusta mucho y me obliga a seguir capacitándome y experimentar distintos contextos de la comunicación.

¿Una reflexión?

Quiero dejar una huella positiva y me di cuenta que solo no puedo. Mientras más personas encuentro, más se multiplica el efecto. Lo mío no fue un click, fue más bien una olla a presión. La incomodidad de estar en una situación cómoda fue creciendo hasta que sentí que no tenía otra opción más que empezar a hacer algo que tuviera sentido para mí.

A medida que avanzo, entiendo que las experiencias vividas se resignifican con el paso del tiempo. Lo que en un momento puede parecer una pérdida de tiempo o un fracaso, luego se convierte en una oportunidad o herramienta para el desafío que sigue. Pero creo que es muy difícil dar lo mejor de uno en algo que no se disfruta.

Tener un espíritu emprendedor no es solamente levantar un negocio, sino también la búsqueda continua de soluciones a los problemas del día a día y la disposición a querer mejorar el entorno en el que nos encontramos. No dejemos de buscar, no dejemos de formarnos. A todos nos llega el tiempo, solo hay que estar preparados y en compañía para seguir avanzando.

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